Y vuesa merced, ¿dónde camina?
Yo, señor -respondió el caballero- voy a Granada,
que es mi patria.
¡Y buena patria! -replicó don Quijote.

viernes, 22 de enero de 2016

NARCISOS SIN CLASE

Se inició DESDE PLAZA NUEVA en abril de 2013 con un artículo titulado "Demócratas o charlatanes", artículo que previamente, por consejo de un amigo, envié al diario IDEAL por si se consideraba oportuna la difusión del mismo; parece que no se consideró de interés, pues no recibí contestación alguna, por lo que transcurrido un tiempo de espera sin respuesta decidí publicarlo en internet e inaugurar este blog, que está próximo a cumplir sus tres años con más de 12.900 visitas.

En "Demócratas o Charlatanes" daba mi opinión sobre la crisis que atravesaba el país -me refiero a España- desde la óptica de quien ha conocido de cerca, por su actividad profesional, el mundo jurídico y financiero, desde el sector público y el privado. 
En el artículo, recordando a Shakespeare que en relación a su tiempo decía que "los locos guían a los ciegos", mantenía, en síntesis, que la crisis era fruto de la crisis de la democracia, por ausencia de respeto a la ley, por la inexistencia de libertad en una sociedad que no respeta la verdad ni denuncia la mentira y, por tanto, culpables de la crisis somos todos, unos por charlatanes o locos, otros por ciegos, otros por mudos y algunos por buitres que necesitan la carroña para alimentarse. Y se hacía especial referencia al silencio del poder judicial y de la Universidad ante la situación que se padecía, así como a la actitud de una prensa, que al servicio del poder político, a veces nos vende la mentira embalada en papel de morbosos colorines. Y una referencia a la responsabilidad del sector financiero, básicamente de las Cajas de Ahorros, que invadidas por políticos y sindicalistas sin preparación para la administración de unas entidades tan necesarias para ayudar a la generación de riqueza, cuya solidez radicaba en ser los "bancos de los pobres con ahorros" las convirtieron en "bancos de ricos con trampas". Y acababa con una pregunta: ¿Hasta cuando?.

A los pocos días, con el título de "Se veía venir" hacía referencia en un artículo que en noviembre de 1.981 me publicó el desaparecido DIARIO DE GRANADA, en el que mantenía la llegada de una nueva sociedad a cuyos problemas habría que hacer frente con la cultura. Una sociedad de "ocio impuesto" en la que por razón de los avances tecnológicos que se intuían, era necesaria una mayor preparación; una sociedad en que precisamente por dichos avances serían los menos los que tendrían que aportar más para los que estén en "ocio impuesto". Hacía referencia a los postulados intelectuales y éticos necesarios que Larroque, en 1968 -año de revolución cultural- consideraba necesarios para afrontar momentos de crisis. Consideraba que había que cambiar actitudes para afrontar la crisis y aliviar las tensiones que vivimos, considerando que todo trabajo es útil venga de donde venga. Y desde la convicción de que el fin no puede justificar los medios recordaba al ilustre Gregorio Marañón, que mantenía que "es necesario un afán de trabajo ilimitado, por la alegría de trabajar, antes que por la alegría de conseguir, con espíritu de colaboración para la obra suprema del crear desinteresado, del crear no para ser ricos ni famosos, sino para engrandecer a la patria y la humanidad".

Al contemplar con asombro el momento que vivimos, y sobre todo a los personajes y personajillos que nos adoran unos días y nos ignoran los más, veo con nitidez que quienes nos gobiernan y quieren gobernar no tienen capacidad ni para administrar la miseria que ellos generan. Y es que en mi opinión -y perdón si alguien se ofende- la clase política lejos de ser gente "con clase" no pasan de ser simples "Narcisos vanidosos" que se realizan en la contemplación de la propia imagen, ignorando lo que no se refleja en el espejo en que se admiran.

Narcisos nos sobran, gente con clase nos falta. Y cuando hablo de clase me refiero a lo que M. Vicent, en un artículo en El País, entendía como TENER CLASE; decía:

"No depende de la posición social ni de la educación recibida en un colegio elitista, ni del éxito que se haya alcanzado en la vida. Tener clase es un don enigmático que la naturaleza otorga a ciertas personas sin que en ello intervenga su inteligencia, el dinero ni la edad. Se trata de una secreta seducción que emiten algunos individuos a través de su forma natural de ser y de estar, sin que puedan hacer nada por evitarlo. Este don pegado a la piel es mucho más fascinante que el propio talento. Aunque tener clase no desdeña la nobleza física como un regalo añadido, su atractivo principal deriva de la belleza moral, que desde el interior del individuo determina cada uno de sus actos. La sociedad está llena de este tipo de seres privilegiados. Tanto si es un campesino analfabeto o un artista famoso, carpintero o científico eminente, fontanero, funcionaria, profesora, arqueóloga, albañil rumano o cargador senegalés, a todos les une una característica: son muy buenos en su oficio y cumplen con su deber por ser su deber, sin darle más importancia. Luego, en la distancia corta, los descubres por su aura estética propia, que se expresa en el modo de mirar, de hablar, de guardar silencio, de caminar, de estar sentados, de sonreir, de permanecer siempre en un discreto segundo plano, sin rehuir nunca la ayuda a los demás ni la entrega a cualquier causa noble, alejados siempre de formas agresivas, como si la educación se la hubiera proporcionado el aire que respiran. Y encima les sienta bien la ropa, con la elegancia que ya se lleva en los huesos desde que se nace. Este país nuestro sufre hoy una avalancha de vulgaridad insoportable. Las cámaras y los micrófonos están al servicio de cualquier mono patán que busque, a como dé lugar, sus cinco minutos de gloria, a cambio de humillar a toda la sociedad. Pero en medio de la chabacanería y mal gusto reinante también existe gente con clase, ciudadanos resistentes, atrincherados en su propio baluarte, que aspiran a no perder la dignidad. Los encontrarás en cualquier parte, en las capas altas o bajas, en la derecha y en la izquierda. Con ese toque de distinción, que emana de sus cuerpos, son ellos los que purifican el caldo gordo de la calle y te permiten vivir sin ser totalmente humillado".

Al acabar de leer el artículo lo aplaudí, aunque encontré una laguna: se olvidó de citar entre funcionaria, profesora y arqueóloga a la modista, profesión de mi abuela, que amante de las flores no tenía narcisos en su casa, pero que fué profesora de "tener clase".

¿Hasta cuando estaremos gobernados por Narcisos sin clase? Eso depende no de ellos, sino de los ciegos que los votamos.

22 enero 2016

Miguel Sánchez Peinado
    

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