Y vuesa merced, ¿dónde camina?
Yo, señor -respondió el caballero- voy a Granada,
que es mi patria.
¡Y buena patria! -replicó don Quijote.
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martes, 14 de mayo de 2013

SE VEÍA VENIR


Con motivo de una confrontación entre el Alcalde de Granada y la Junta de Andalucía a propósito de la capitalidad de la cultura, el DIARIO DE GRANADA tuvo a bien publicarme en noviembre de 1981 un artículo en el que mantenía la llegada de una nueva sociedad y a cuyos problemas habría que hacer frente con la cultura. Al releer hoy aquel artículo siento una cierta pena al ver que algo se ha cumplido y no hemos sabido prepararnos para afrontar los problemas que se intuían.
En aquel artículo bajo el título de “Granada, capitalidad de la cultura”, entre otras cosas decía:

“… probablemente en la cultura esté la única solución a los graves problemas que nos esperan en un futuro no muy lejano.
Mucho se ha escrito de conceptos y definiciones de la cultura y el problema de su conceptualización puede ser el de la limitación que el concepto puede implicar. Por ello, y a los solos efectos de la intención de estas líneas, me permito la licencia de definir la cultura como un proceso de sensibilización para descubrir lo bello del Universo y asimilar la esencia de la Historia, proceso que si conlleva progresión puede modificar la escala de valores, proceso que es susceptible de manipulación, como de hecho está siendo y ha sido manipulado por arriba, por abajo, por la derecha y la izquierda.
En el mundo de la cultura se está confundiendo con demasiada frecuencia y no sé si intencionadamente, al hombre erudito con el hombre culto…. Alguien dijo que uno de los principales problemas del país es la “incultura de los cultos”, y no andaba desencaminado en la justificación de tantos males que nos acontecieron y nos acontecen.
Mucho me temo que la sociedad del futuro sea la época del “ocio impuesto”. Como consecuencia de la evolución científica y técnica es posible que unos pocos sean los que produzcan lo que todos tengamos que consumir en el orden material, lo que nos llevará a un nuevo concepto del trabajo, salvo que se recurra a la fácil e innoble solución de pulsar el botón de la guerra para volver a empezar.
Ello nos obligará a prepararnos para asimilar el fenómeno del ocio y reconducir lo que actualmente es una situación dramática a una situación de posibilidades para un desarrollo profundo de la personalidad. Esta reconducción es posible, esta reconducción pienso que es obligada, esta reconducción no tiene más vía que la de un movimiento cultural auténtico, profundo y no manipulado.
Creo que la sociedad del futuro no tiene más salida que una adecuada explotación de los recursos y los elementos productivos, una sociedad que tiene que abandonar el postulado actual de ahorrar para gastarse el ahorro en lujos, una sociedad que a la empresa, en cuanto fuente de riqueza, la proteja de las arbitrariedades de empresarios, trabajadores, intermediarios y demás personas que en torno a ella se mueven, pero sin limitar la razonable y necesaria libertad empresarial.
Pienso que por un proceso cultural auténtico es por donde solo podremos llegar a un nuevo sistema en el que queda garantizada la libertad de gestión empresarial, pese a un sistema fiscal de fortísima presión que ha de garantizar no sólo la justa distribución de la riqueza sino también la no descapitalización de la empresa privada.
A la creación de ese  nuevo Estado intervencionista en la redistribución de las rentas y al mismo tiempo liberal en todo lo demás, sólo se puede llegar por la cultura, porque sólo ella permitirá la superación de prejuicios e intereses irracionales, porque sólo ella evita al erudito a secas que engordando su vanidad social frena el normal desenvolvimiento de la vida por la neurosis que le produce lo infructuoso de sus conocimientos.
Abordando Larroque el problema de la libertad y el desarrollo de nuestro tiempo, afirmaba que “la civilización es el despliegue en el tiempo de una forma de concebir la existencia, es un estadio de la evolución espiritual del universo, con las opciones que deciden unas generaciones consecutivas a través de distintas coyunturas y en un contorno tecnológico que incluso puede variar radicalmente los medios materiales sin alterar semejantes opciones intelectuales y morales. Cuando se pierde la fe en dichas opciones comienza la decadencia de la civilización”.
Los signos de decadencia están ahí, el escepticismo no positivo, el pesimismo miedoso, la adaptación a un sistema que se desmorona.
Por la vía de la cultura podemos contemplar que vivimos una época de posibilidades, porque sólo por la cultura se asimilará sin miedo la esencia de la conciencia histórica, y sólo por la cultura la libertad nos conducirá a dar un salto consciente hacia adelante”.

Al releer lo escrito hace más de treinta años me sorprendo de nuestra incapacidad para ver y reaccionar ante lo que se veía venir. Es como los bañistas que ante la vista del tsunami que viene se dedican a disfrutar de la playa, porque sintiéndose grandes nadadores creen que podrán mantenerse a flote en la corriente devastadora.
Por desgracia parece confirmarse que estamos en la sociedad del “ocio impuesto”, pero sin haber realizado esa labor de cultura necesaria para en momentos de crisis reafirmar los postulados intelectuales y éticos a los que apelaba Larroque allá en el año 1968.

Intuyo que para poder encontrar la solución a los problemas que nos acucian en una situación como la actual es imprescindible un cambio de actitudes, quizás al cambiar la actitud el problema puede cambiar de dimensión. Hay que plantearse seriamente lo que cada cual puede hacer para aliviar la tensión en que vivimos, todo trabajo es útil venga de donde venga si somos conscientes de la función social y creativa que todo trabajo debe tener. Los vagos, que nada tienen que ver con los parados, son una lacra, su trabajo es similar al de las chicharras, mucho ruido y pocas nueces.

Ante una sociedad con seis millones de parados habría que obligar a nuestros políticos a escribir cien veces –como a niños indisciplinados y vagos- lo que dijo el ilustre don Gregorio Marañón: que es necesario un afán de trabajo ilimitado, por la alegría de trabajar, antes que por la alegría de conseguir –hoy diría trincar-, con espíritu de colaboración para la obra suprema del crear desinteresado, del crear no para ser ricos, ni famosos, sino para engrandecer a la patria y la humanidad.
Si resucitara don Gregorio y contemplara el solar patrio repleto de trincadores y aldeanos nacionalistas -figuras modernas de un feudalismo trasnochado -me diría que soy un imbécil, y cuando le preguntara por qué si es que en vez de cien veces debieran escribirlo mil cada día, él me diría que no soy consciente que algunos no podrían hacerlo porque no saben escribir y los más porque no saben ni copiar y algunos le copiarían mal y entonces la gente pensaría que él fué un imbécil como yo, y yo le diría usted perdone don Gregorio pero lo tenía que decir y si no quería usted que lo dijera no haberlo escrito, y él me diría para qué decir lo que él dijo, y yo le diría lleva usted razón don Gregorio, para “ná”, y él me diría que soy un escéptico y yo le diría y usted un romántico, y yo le diría siempre nos quedará Toledo y él me diría y también Granada y al unísono diríamos: ¡qué suerte tenemos!








domingo, 28 de abril de 2013

¿Demócratas o Charlatanes?


Que estamos en crisis y hay un deseo generalizado de salir de ella es una obviedad. Y aunque es cierto que hay responsables que nos han conducido a esta situación y sería justo exigirles responsabilidad, no se sale del problema si además no se extirpa el virus que lo motivó, es necesario analizar el medio en que se instaló y contaminó.No conviene dejar que sea el tiempo el que ponga las cosas en su sitio; y es urgente actuar, porque son demasiados los que la están sufriendo y, lo que es peor, sufriendo sin esperanza.
Es necesario conocer las causas de nuestros males para excluir de la política a incapaces y malintencionados, pues el mal de este tiempo parece el mismo que ya denunció Shakespeare a principio del siglo XVII para el suyo: “los locos guían a los ciegos”.
Contemplo la sociedad que vivimos y pienso que la causa fundamental de la crisis que nos azota está en la quiebra de la democracia. Y es que a fuerza de ser ciegos hemos entregado la gestión de la cosa pública a los locos –dicho sea en términos shakespearianos-, quienes han convertido la política en una especie de religión de la que más que sacerdotes actúan a modo de fariseos e inquisidores.
La democracia, desde el mundo clásico donde nace, es VIVIR EN LIBERTAD EN EL MARCO DE LA LEY. Así se consagra en la vigente Constitución, que pretende “establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran.......... y garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.” Insisto, ya lo dijeron los griegos de forma más sencilla, democracia es vivir en libertad en el marco de la Ley. Sólo puede haber democracia donde hay libertad y se cumple la ley. Y para avanzar en el argumento de que la crisis se origina en la quiebra de la democracia es preciso volver a repetir que la libertad no puede sustentarse en la mentira.
En defensa de la libertad se han hecho revoluciones y el hombre ha progresado en la historia. El descubrimiento de la verdad y el conocimiento del error es la meta de la ciencia y el triunfo de la cultura.
La verdad es básica para la libertad, y el político que miente, aparte no defender la libertad y atacar la democracia, infringe el deber de lealtad que tiene todo gestor de asuntos ajenos. Harry G. Frankfurt en su libro “Sobre la Verdad”, breve ensayo sobre la manipulación de la verdad, define a los “charlatanes” como impostores y farsantes que cuando hablan sólo pretenden manipular las opiniones y las actitudes de las personas que les escuchan, siendo su máxima preocupación que lo que dicen logre el objetivo de manipular a su audiencia, y por ello les resulta indiferente que sea verdadero o falso lo que dicen. Por ello considera de suma importancia la honestidad y la claridad a la hora de explicar los hechos, pues una sociedad que de forma imprudente y obstinada se muestra negligente e indiferente ante una información no veraz está abocada a la decadencia.
Reconozco que descubrir la verdad en los tiempos que corren es bastante difícil, pero ya sería todo un éxito que quienes tengan los ojos ciegos a la verdad los tengan lúcidos ante la mentira, pues, como dijo Piet Hein, el camino hacia la sabiduría es fácil y sencillo de expresar: “equivocarse y equivocarse y equivocarse una y otra vez, pero cada vez menos y menos y menos”.
¿Hemos encomendado la gestión de los intereses generales a personas veraces, preparadas y honestas, o a indocumentados que tan sólo pueden aspirar a ser charlatanes?
Aún admitiendo que a esta situación nos hayan conducido charlatanes o locos shakespearianos no puede perderse de vista que fuimos los ciegos los que les elegimos y por ello, para no entrar en debates inútiles, hemos de reconocer que culpables de la crisis somos todos, unos por charlatanes o locos, otros por ciegos, otros por mudos y algunos por buitres que necesitan la carroña para alimentarse. Si somos conscientes de ello podremos cambiar la actitud y adentrándonos en el camino de la democracia – libertad en el marco de la ley- empezar a salir de la crisis.
No se puede salir de la crisis sin el concurso de la buena gente. Es preocupante ver cómo se está manipulando la calle utilizándola en una lucha política innoble. Siendo cierto que la ceguera del votante sencillo es fuente de nuestros males actuales, también lo es la debilidad e inhibición de quienes no reaccionan porque los problemas no les afectan. Fue profético Martin Luther King cuando dijo que tendríamos que arrepentirnos no tanto de las malas acciones de la gente perversa, como del pasmoso silencio de la gente buena.
No se entiende el silencio del poder judicial. Ese sí que es un poder, cuya actividad o pasividad debiera analizarse en profundidad para comprender un poco más la crisis económica y de la democracia. A los jueces convendría recordarles que son los únicos que en democracia no son libres, pues son esclavos de la Ley, y a cambio son, o debieran ser, independientes e inamovibles. Se dijo un día en este país: “Montesquieu ha muerto”; no es cierto, lo mataron a propósito, sin que quienes tenían la obligación de defenderlo lo defendieran. Ahí se cometió el primer gran crimen contra la democracia.
No se entiende el silencio de la Universidad. Tristeza se siente cuando se la contempla a la luz de lo que para Edward W. Said, Premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2002, debía ser la actividad del intelectual. Este pensador palestino dice en “Representaciones del intelectual” que el objetivo de la actividad intelectual es hacer progresar la libertad y el conocimiento, y en torno a ello debe girar fundamentalmente la vida del intelectual, que no es un funcionario ni un empleado entregado a los objetivos políticos de un gobierno o corporación importante, o ni siquiera de un gremio de profesionales de igual parecer. Hay silencios incomprensibles en momentos como el actual y de los más incomprensibles el de la Universidad. Denunció Huxley en “Un mundo feliz” que la verdad es una amenaza y la ciencia un peligro. Si la “intelectualidad” calla por no molestar malo, si calla por que ve como verdad una mentira, que también puede ser, peor.
No hay democracia donde no hay prensa libre. Si la democracia sólo puede darse en un medio de libertad, iluminada en la verdad, o al menos no oscurecida por la mentira, y protegida por la ley, qué pensar de nuestra prensa. La mentira y la ocultación de la verdad son el pecado más grave que puede cometer quien es profesional de la información, aparte constituir una lesión a los derechos de los españoles, que tienen en el artículo 20 de la Constitución el derecho a una información veraz. Por ello el profesional de la prensa que tergiversa la verdad, o se pone al servicio de los charlatanes, incurre en responsabilidad social y colabora a la quiebra de la democracia. Con qué facilidad se nos vende la mentira embalada en papel de morbosos colorines, pues en primera y última instancia se trata de vender y dejar satisfecho al poderoso, o al menos no incomodarle inútilmente. Si hay voluntad de salir cuanto antes de la crisis la prensa debiera analizar cómo ha podido colaborar, aunque sea de forma inconsciente, a la quiebra de la democracia, bien por acción u omisión. Conviene no llamar tolerancia a la inhibición.
Y hablando de crisis no podemos olvidar la aportación de los agentes del sistema financiero a la situación actual. Evidentemente lo económico es un aspecto más de la crisis global que padecemos, y me atrevería a decir, pese a que algunos se puedan escandalizar, que no el más importante, sino una consecuencia de la crisis de valores que padecemos desde que alguien desde un gobierno dijo que España era uno de los países donde más fácil era hacerse rico; a partir de entonces se adora a San Dinero como dios de la nueva religión en que han convertido la política.
La banca no es la causante de la crisis, aunque si colaboradora necesaria con los políticos y por ello también responsable. Profundizar en la responsabilidad de la Banca haría en exceso largo este artículo, pero conviene dejar fijados unos cuantos datos.
Aunque el poder político siempre ha tenido influencia en las entidades bancarias, el aterrizaje de políticos y sindicalistas en las Cajas de Ahorros, sin más méritos que la pertenencia o simpatía a un partido o afiliación a un sindicato, y sin haberse valorado su capacitación para administrar tan importantes entidades, ha originado la quiebra de estas sólidas instituciones, que de ser “bancos de pobres con ahorros” las convirtieron en “bancos para ricos con trampas”. Lo que se denominó democratización de Organos Rectores de las Cajas no pasó de ser politización, con desprofesionalización y destecnificación de no pocos profesionales, lo que en un mundo como el actual es un suicidio. En política de asignación de recursos dinero necesario para empresas en dificultad se destinó a empresas sin viabilidad alguna, sin más pretensión que posponer en el tiempo el cierre de las mismas, por que así interesaba a los balances de las propias entidades.
Convendría comprender por qué quienes son responsables de haber llevado las Cajas a tan crítica situación hoy sigan rigiendo las entidades que las absorbieron o fusionaron; ¿acaso quien demuestra incapacidad para administrar cien está capacitado para gestionar mil? Y nos podemos preguntar cómo es posible que quienes daban ruedas de prensa hace dos días informando de importantes beneficios ahora soliciten importantes ayudas para salir adelante a costa de todos. ¿Acaso la contabilidad de ser un instrumento técnico para obtener la radiografía clara de la salud económica de las empresas se ha convertido en un arte para presentar la realidad luminosamente opaca?
Pienso que la crisis es global y no sólo económica, por ello es preciso hacer un análisis serio. Considero que no saldremos de la crisis si no se restaura la democracia, si es que alguna vez estuvo instaurada. De lo que no tengo duda es que una sociedad en la que no se respeta la ley, la libertad y la verdad además de enferma es una sociedad perversa para sí misma, en cuanto permite el protagonismo de charlatanes, indocumentados y locos.
¿Demócratas o charlatanes? Charlatanes e indocumentados, con el permiso y benevolencia de una sociedad de ciegos, mudos y aprovechados. ¿Hasta cuando?

MIGUEL SANCHEZ PEINADO