Conocía a Gerardo -Gerardico para mi padre- desde que yo era niño y lo traté hasta sus últimos días, en que el 19 de julio de 1968 partió "Al más Allá sin nombre, donde soñar y ser se funden en amorosa llama...". No se entienda como reproche la poca referencia a la figura humana del poeta y pintor, quizás peque de subjetividad, fruto de la amistad y admiración de quien fué el mejor amigo de mi padre (el hermano escogido como decía Gerardo). Estoy convencido que hubiera triunfado en cualquier actividad a la que se hubiera dedicado, pues Gerardo tenía dos cualidades que, como antes manifesté, trascendían a las de poeta y pintor.
Gerardo Rosales, ante todo era un Genio y un Animal Social lleno de vitalidad, ingenio, alegría y bondad. Conozco anécdotas en su actividad profesional como juez, unas contadas por él y alguna vista personalmente. Una de ellas se cuenta en el libro que se presentó, referida por un oficial del juzgado de Santa Fe a Gonzalo Castilla, cuando en un juicio entre parientes, ante lo absurdo de la discordia le pidió al funcionario una vela, la encendió y, poniendo la mano encima de la llama, dijo a los litigantes que no la retiraría hasta que se dieran un abrazo. Ese sucedido, contado por Gerardo introducía un matiz al que le daba especial énfasis, y es que cuando ya no aguantaba más el calor en la mano uno de los litigantes le dice al contrincante: ¡Que don Gerardo se quema!, tras lo cual finalizó el pleito con el abrazo. Otra anécdota es cuando en su primer destino como juez, en un pueblo de Málaga, se encontró con un elevado índice de suicidios de mujeres, ante lo cual tuvo la idea de difundir por el pueblo que el juez ordenaría se hiciesen las autopsias, a partir de entonces, en la plaza del pueblo; los suicidios desaparecieron, posiblemente por un pudor post mortem de las mujeres de aquella localidad y época.
Solo un genio, en este caso bajo figura de juez, puede resolver problemas sin necesidad de aplicar la rigidez de las leyes acudiendo al sentido común con un profundo conocimiento de la psicología de los ciudadanos y de las bondades que toda persona anida, algunas en lo más ignorado de su propia personalidad.
Pero Gerardo, ante todo, fue un Animal Social, con una personalidad arrolladora plena de vitalidad, alegría y, sobre todo, bondad; basta leer lo que de él escribieron a su muerte amigos como Juan Alfonso García, José Ladrón de Guevara, Pepe Corral o el inquieto y culto Marino Antequera, semblanzas que se incluyen en un anexo del libro.
Aparte todo ello, recuerdo la época en que Gerardo hablaba de su inquietud ante el hecho de la muerte, fruto de lo cual es el Poema de Yavé. Un día, tomando una cerveza con él en el bar La Oficina, esperando a mi padre, me hablaba de Unamuno y recuerdo le dije: ¿Gerardo, crees que tus dudas las vas a resolver por el camino de Unamuno? Se sonrió y se quedó pensativo; siendo un universitario de apenas 20 años me trataba como a uno más de sus íntimos amigos, dos de los cuales eran mi padre y Juan Alfonso Garcia, quienes casi a diario se veían. A la muerte de este último rendí homenaje a los tres publicando lo siguiente en este medio:
"FUGA para encuentro en la eternidad.
Cuando me llaman y me dicen que Juan Alfonso ha muerto en mi mente aparece la figura de un triángulo que se cierra en la eternidad. Sus lados y vértices tienen nombre: Gerardo, Miguel y Juan Alfonso. Un triángulo que un mes de julio de hace bastantes años Gerardo Rosales Camacho -juez, pintor, poeta y pensador- abrió para partir al largo viaje; un mes de enero de 1996 Miguel Sánchez García -editor, fotógrafo y pensador- emprendió camino a la eternidad al encuentro de su "hermano escogido" -así definía Gerardo al amigo; y el pasado 17 de mayo Juan Alfonso García -sacerdote, compositor musical y pensador- partía para cerrar nuevamente el triángulo en la eternidad.
Imagino a Gerardo en el reencuentro diciéndoles: ya os dije "que la muerte no es otra cosa que una pura apariencia", la puerta de la vida definitiva, que Miguel explicaba desde su argot fotográfico "como el proceso de revelado que fija para siempre la imagen auténtica, de la que la vida presente es el negativo, la noche, el espejo oscuro".

Sombras en mí
Miguel Sánchez Peinado



