Y vuesa merced, ¿dónde camina?
Yo, señor -respondió el caballero- voy a Granada,
que es mi patria.
¡Y buena patria! -replicó don Quijote.

domingo, 11 de agosto de 2019

POR LA CALLE SAN JUAN DE LOS REYES



A los avemarianos
desde el recuerdo a Pepe Pozo

Todas las ciudades tienen sus calles especiales, Granada bastantes, como las de su barrio del Albayzín pocas, pero entre ellas la de San Juan de los Reyes; ésta menos transitada que su paralela Carrera del Darro, aunque más rica en historia y, a mi juicio, más hermosa, porque al pasear por ella descubrimos que los sentidos son las ventanas del alma, pues sus muchos y variados rincones son una provocación sin par a la vista y la sensibilidad del espíritu.
Por esta calle del bajo Albayzín, artería principal de un entramado de calles y callejuelas, discurría en época romana la calzada que iba a Guadix. En torno a ella construyeron palacios y mezquitas los musulmanes, y palacios, iglesias y conventos los cristianos.
Recorrer San Juan de los Reyes con la mirada en tiempos pasados y la vista en lo que permanece desde entonces es una de las mejores maneras de perder el tiempo en Granada. Alguien escribió: Quiero perderme en Granada y que el Albayzín me encuentre; éste puede que sea el mejor lugar para perderse y salir al encuentro del Albayzín.
Un consejo al caminante: en cualquier punto del recorrido que le sorprenda procure cerrar la mano a modo de un catalejo y mire el paisaje a través del agujero, verá infinidad de imágenes que pierden intensidad dentro de la panorámica general.

Aunque desde cualquier punto por el que se acceda a esta calle el paseante quedará gratamente sorprendido es recomendable iniciar el recorrido desde la Placeta de San Gregorio, pues desde este punto las emociones irán in crescendo.


Iglesia de San Gregorio Bético
El inicio de la calle está a la derecha de la Iglesia de San Gregorio, construida en el siglo XVI sobre una ermita mandada construir por los Reyes Católicos bajo la advocación del obispo de Elvira y Padre de la Iglesia hispanorromana.
A pocos metros de iniciar el paseo, a la derecha, se encuentra la calle de la Cárcel, donde se puede ver la puerta de la primitiva prisión de la Chancillería.


En la calle del Aire, la siguiente también a la derecha, se puede observar sin salirse del recorrido las marcas de los canteros que labraron las piedras para construir la Real Chancillería, así como restos de sus primitivas cañerías.

Callejón del Aire



A los pocos metros a la izquierda la estrecha calle de las Arremangadas, así llamada porque en tiempos de obligatorias faldas largas era conveniente arremangarlas para mejor caminar por ella. Conviene que el viajero la suba sólo unos metros para contemplar mejor el bajorrelieve de San Juan de Dios y una bella reja de forja, que un mendigo, al cruzarme con él, me ilustró sobre su posible origen zirí, más que nazarí -me aclaró-; sea cual fuera la época y el autor lo cierto es que observada en como está realizada es una bella obra de artesanía.
En otro momento, si el mendigo me autoriza, le dedicaré un espacio, pues José, ya mi amigo, es un personaje interesantísimo, con arte en el vivir como Lola Flores, de la cual es paisano. Y si lo traigo a colación es porque es asiduo de esta zona camino de su barrio.

Cuesta de las Arremangadas



Retomada la calle San Juan de los Reyes, denominación que se debe a los Reyes Católicos, el siguiente tramo tiene su personalidad propia y distinta al resto del itinerario.




Desde este luminoso rincón dorado, que tantos secretos de falsos amoríos guarda tras sus muros, llegamos al más artístico y espiritual del convento de Santa Inés, en su día edificio perteneciente a la familia Agreda, de la Orden de Santiago.
En este tranquilo y hermoso rincón conviene detenerse a contemplar el cuadro en que el color compite con la belleza de líneas rectas y quebradas en equilibrada armonía,



y con el sonido del agua, que en un pilar vomitan dos mascarones, mirando al balcón con celosía que nos domina oir la voz del poeta:

Desde una celosía,
suena un silencio a cuatro voces blancas
                                          Rafael Guillén



A partir de aquí la calle sorprenderá al viajero con imágenes que irremediablemente le transportarán a la época que hizo de Granada una ciudad Capricho de la Naturaleza y la Historia. La primera y majestuosa estampa se encuentra en la Placeta de la Concepción, donde conviene detenerse un tiempo.


Atrio del Convento de la Concepción
Vista desde el atrio del convento
En el solar existente debajo del convento estuvo el Maristán, hospital musulmán para locos mandado construir por Muhammad V, en el cual, tras la conquista de los Reyes Católicos se ubicó la Casa de la Moneda.
En la calle bajo el convento, hacia la izquierda, se encuentra la nazarí Casa de Zafra, cuya visita merece un desvío del itinerario.
Frente al convento un palacete con una escuela taller de la Junta de Andalucía, que de estar abierto es conveniente visitar para contemplar desde su planta superior las impresionantes vistas de la Alhambra y el juego de tajados y torres del lugar.




Reincorporados a nuestro itinerario un azulejo, bajo la vigilante mirada de un hermoso mascarón, indica que estamos en zona de antiguos molinos.










Aquí la calle se angosta y las sombras se intensifican como si quisiera preparar al caminante para hacer más impactante su emoción cuando traspase el tramo más estrecho y lo introduzca en un continuo mirador a derecha e izquierda.

Iglesia San Juan de los Reyes
Junto a la iglesia nos espera un bellísimo rincón, la Placeta de la Escuela.

Placeta de la Escuela

La placeta desde Carmen Torres Molina
Su nombre de la Escuela obedece a que en este lugar se adoctrinaba a quienes de otras religiones se convertían al islam. En ella se encontraba la mezquita Ataibín (S. XIII) a la que asistían los nuevos conversos a la religión de Mahoma; la mezquita fue bendecida como iglesia católica el 5 de enero de 1492 -tres días después de la entrada de las tropas cristianas en Granada-. Quizás el ser la mezquita de los cristianos renegados fue lo que motivó la rápida decisión real. En 1520 se construye la actual iglesia en estilo gótico mudéjar, conservándose tan solo de la primitiva mezquita parte de su alminar, sobre el cual se construyó un cuerpo de campanas. La mejor vista de la torre se tiene desde la calle Limón en la parte alta de la placeta.

Alminar de la primitiva mezquita y torre de la actual iglesia desde calle Limón
Antes de abandonar la placeta conviene, si se nos permite, subir a la pequeña terraza de los apartamentos turísticos frente a la iglesia.





Y si la luz de la mañana hace radiante el paisaje la del atardecer lo transforma en lugar de embrujo.



Retomada la calle se suceden a derecha e izquierda una serie de callejuelas cada una con su singular mirador. La primera de estas bellas calles a la derecha es la de Zafra a la que siguen Gloria, Santísimo, Candil y Horno de Oro.
Es conveniente en cada una de ellas mirar desde el centro, derecha e izquierda, para descubrir distintas vistas desde un mismo lugar, y si se utiliza la mano a modo de catalejo las imágenes se multiplicarán.

Calle Zafra
En el mismo lugar escorados a la izquierda
Antes de seguir la ruta es es conveniente bajar unos pocos metros para contemplar la fachada gótica de la casa de Hernando de Zafra, Secretario de los Reyes Católicos.


Heráldica del matrimonio Zafra
Aquí hay que caminar mirando también al cielo, pues las torres de la Alhambra vigilan tras tejas morunas.

Torre de la Vela

Torre del Homenaje

Torre de Comarex
A la altura de la calle Gloria hay que detenerse, contemplarla y retrocediendo unos metros bajar por ella para deleitarse con su primer rincón en recodo y de inmediato encontrar una coqueta y delicada plazuela.

Calle Gloria

Placeta de la Gloria


En la plaza el homenaje de Granada al pintor George Owen Wynne Apperley, donde se encuentra una bella escultura, obra de Benlliure, la que fue donada a la ciudad por la familia del pintor.

Calle Santísimo
Calle Candil


Que bien pintó el poeta estas calles albaycineras


Calles de látigo y garra
por las espaldas del monte;
no hay más luna ni horizonte
que el aire que las desgarra
¡Tejedles con la guitarra
un cante que las reciba!
que flotan a la deriva
por la historia que las trajo;
que van todas para abajo
y ninguna para arriba.

                  RAFAEL GUILLEN

A la espalda de la calle Candil la Placeta Toqueros con la flamenca Peña de la Platería, desde la que hay una grandiosa vista de la Alhambra.


De vuelta a San Juan de los Reyes a la derecha la calle Horno de Oro, donde se encuentra la casa morisca del mismo nombre.


En este punto es recomendable hacer zoom mirando por nuestro catalejo manual.



La calle Valenzuela, a la izquierda, conviene subirla y bajarla, una sucesión de bellas estampas se suman a las ya disfrutadas.

Calle Valenzuela
Calle que si guapa hacia arriba...


bellísima hacia abajo.



Antes de proseguir el recorrido conviene volver la mirada atrás


y reconocer que a tanta belleza del ayer se suma el buen gusto de los vecinos de hoy








La calle San Juan de los Reyes finalizaba en el Convento de la Victoria, fundado en 1509 por los franciscanos; a finales del siglo XIX, ya en estado ruinoso, y después de haberse destinado a cuartel, fue derribado para prolongar la calle San Juan de los Reyes hasta desembocar en la cuesta del Chapiz.

Placeta de la Victoria
Esta bella placeta es un hermoso rincón que ofrece al paseante una magnífica panorámica de la Alhambra y el Generalife.









Y aquí surgirá la duda. ¿Bajar para volver por la Carrera de Darro o recorrerla de nuevo a la inversa? Da igual. Seguiremos disfrutando de otra manera.

Granada, 11 agosto 2019
Miguel Sánchez Peinado












jueves, 11 de julio de 2019

LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO



Empezaré diciendo que cuando acabé de leer este libro, regalo de su autor, al cerrarlo y enfrentarme con la contraportada me salió un espontáneo: ¡este tío es la hostia! Perdón por la expresión, pero me comprenderán quienes tenga la suerte de leer esta singular obra, en la que siendo lo culinario el eje central, los datos históricos y científicos, macerados con una equilibrada dosis de ironía, y un abundante chorreo de cultura y dichos populares la elevan a la categoría de "libro imprescindible en toda biblioteca de quienes se consideren, o sean, amantes de la cultura" -cultura sin adjetivos.
Fernando Quesada Rettschlag se presenta a sí mismo como biólogo, senderista, aficionado a la fotografía y la historia, glotón irredento y cocinillas vocacional, no contando con más capital que su inteligencia ni más patrimonio que sus conocimientos y que se ganó la vida enseñando Biología y Geología en cinco institutos diferentes. 
Yo, además, lo presento como hermano menor de Antonio Quesada, uno de mis dos grandes amigos de la época de bachilleres avemarianos, que tras el examen de preuniversitario nos dispersamos por facultades distintas y con quien me reencontré el pasado abril después de cincuenta y cuatro años separados por el Atlántico, él en Puerto Rico y Estados Unidos medio siglo, yo en la Granada de siempre. En este encuentro reencontré también a Fernando de quien no sabía nada desde aquella época de juventud, y en una velada entrañable descubrí que aquel joven llegó a la jubilación con la mochila repleta de erudición, cultura y algunos libros escritos.
Uno de esos libros es el que hoy traigo a los amigos de DESDE PLAZA NUEVA; y nadie mejor que su autor para presentarlo:
LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO (HISTORIAS, CURIOSIDADES Y ANÉCDOTAS GASTRONÓMICAS) está formado por cincuenta y dos artículos con su aderezo histórico, su condimento anecdótico y su aliño autobiográfico, que componen un conjunto de ensayos con crónicas, acaeceres y porqués de la gastronomía, rematados por las pertinentes recetas de cocina. Una fórmula novedosa y original que entrelaza la historia de la gastronomía con la afición a los fogones.
Para cuidar la higiene cultural y prevenir daños potenciales a la salud lingüística, este libro no contiene anglicismos ni galicismos ni suerte alguna de extranjerismos banales.

Pienso que el título LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO, extraído del refranero, es fruto del sentido patriótico de Fernando y de su deseo de poner las cosas en su sitio en el mundo de la gastronomía. El chocolate espeso es el chocolate a la española, que lo introduce en París en 1615 la infanta española Ana María de Austria, esposa de Luis XIII de Francia. La admiración del autor por el pasado de España es incuestionable y, aparte haber escrito VENTICINCO EPISODIOS ASOMBROSOS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA, aprovecha este libro de asuntos culinarios para dejar un quejido sobre el profundo y obstinado desconocimiento de nuestra propia historia, que los pocos españoles que la conocen bien, que son excepción, no se explican como una aventura con pasajes tan brillantes, otros tan oscuros, sí, pero siempre tan emocionante, no despierta el interés de los descendientes de sus protagonistas; al fin y al cabo eran nuestros tatarabuelos y de sus andanzas, empresas y aventuras, puede decirse cualquier cosa menos que fueran aburridas. Supongo que este desconocimiento es el causante de que, al menos desde el siglo XIX, seamos una nación de papanatas con complejo de inferioridad, siempre dispuestos a aceptar cualquier cosa que venga del extranjero en actitud babeante y genuflexa, y a considerarla superior a lo propio.

Está escrito con un estilo literario impecable, claro y ameno, en donde las pinceladas de ironía y humor no faltan, pues cuando hay que dejar las cosas claras se dejan de forma sutil y sin asperezas. 

Sorprende la facilidad con que Fernando Quesada, aprovecha un elemento meramente circunstancial para traer a colación un tema de difícil encaje en un libro de gastronomía. Así, en el capítulo dedicado a las papas asadas, las "perdices" para los granadinos, define la "malafollá granaina" como esa mezcla de socarronería e ingenio, aliñada con una pizca de derrotismo y un chorreón de melancolía. Tal receta podría mejorarse, a juicio de nuestro común amigo Manolo Comino, con una cucharadita de "indolencia".

Aunque todas las páginas del libro están repletas de interés, tanto por lo gastronómico como por el derroche de datos históricos, anécdotas y bibliografía, algunos capítulos resultarán, según los gustos y cultura del lector, especialmente gratos. En el 3 nos habla de la música como ingrediente culinario y cita a Nietzsche: Sin música, la vida sería un error. En el 11 deja las cosas muy claras al cuestionar el origen catalán del pan tumaca considerando, tras adecuado razonamiento con datos históricos, que se trata de otra manipulación histórica para apuntalar la aburridora catalano-superioridad de los que predican esa entelequia que llaman hecho diferencial. El 19 es un capítulo que merecería una separata para repartirla por colegios y Universidades, pues recoge 119 refranes culinarios de Sancho Panza.
Un aparte merece el capítulo 25 destinado a homenajear el cocido, tan genuinamente español como la fiesta de los toros, según Fernando Quesada, con quien hemos de estar plenamente de acuerdo, pues en este plato quizás sea el único asunto en el que estemos de acuerdo los españoles de izquierdas, de derechas o apolíticos; autonomistas, independentistas o centralistas; parados, rentistas o mileuristas; defraudadores, malversadores o sindicalistas; terroristas, asesinos o jueces... es en que el cocido es un plato sagrado; tanto, que ni siquiera el genio de Ferrán Adriá ha osado deconstruirlo. 
El 48 me resultó entrañable, pues con dos citas: la verdadera patria del hombre es su niñez .... y la infancia de un hombre no se termina definitivamente hasta que no pierde a su madre, nos introduce en el mundo culinario del pollo a través del recuerdo a su padre, a quien tuve el placer de conocer junto a su señora esposa y madre del autor, a quienes tanto directa como indirectamente también considero responsables de LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO.

Y el epílogo, sobre el desperdicio de los alimentos, es un cierre perfecto para un libro... de cocina? sí; de Historia? sí; de ciencia? si; de literatura? sí; de humor? también. Sólo falta un ingrediente para que el libro sea un plato de lectura redondo: las fotografías en color; aunque por razones de costes esté justificada en un libro de autoedición, que fue ganador en España de los "Gourmand World Cookbook Awards 2017" de literatura culinaria y finalista a nivel mundial, premios considerados los más importantes de la literatura gastronómica.

Con esta reseña de LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO puede que los amigos de este blog piensen que quien esto escribe lo hace condicionado por el afecto al autor, sus padres y hermano Antonio, pero cuando lean el libro comprobarán que amistad y objetividad no están reñidas entre sí.



LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO
CLV LIBROS, 359 pgs.

Miguel Sánchez Peinado
11 de julio de 2019